Continuando con el viaje, esta vez toca nuestra visita a Stirling, una pequeña ciudad escocesa, famosa por la Batalla de Stirling, pero más concretamente por William Wallace.
Tal y como se ve, el día tenía muy buena pinta desde el principio, y al llegar a la estación lo primero que nos encontramos fue un mapa con todos los puntos turísticos.
De camino al monumento a Willian Wallace, dimos un paseo rápido por la ciudad, y en ella nos encontramos algunas rarezas, como este restaurante donde se sirven tapas españolas, entre otras cosas.
Ya sabíamos que el monumento nos quedaba bastante lejos, pero nunca pensamos que tendríamos que caminar tanto como lo hicimos.
Al llegar al nuevo Puente de Stirling, coincidimos con estoshombres, los cuales como se puede ver iban disfrazados de forma aleatoria. Fue curioso, sobre todo el Papá Noel o el tiburón, con el solazo que hacía.
Desde allí pudimos ver el viejo Puente de Stirling, el de la batalla.
También la basura del río, como esta bicicleta, y un carro de la compra que había unos metros más allá.
No estoy segura de cuánto en total caminamos para llegar al monumento, pero fue media hora o más, y casi al llegar tuvimos que subir varias cuestas empinadas, por no hablar de todo el bosque, en subida de nuevo ![]()
Eso sí, las vistas desde la entrada del monumento eran increíbles, por no hablar de las de la cima de la torre.
Este hombre narraba a los turistas la historia de la batalla.
Una cosa que odié en mi estancia en Escocia: las escaleras. A cualquier parte que íbamos había escaleras enormes, y en Stirling nos encontramos la mayoría de las del viaje. Estas es caracol son para subir a la torre, y eran en total 246. Al salir podías incluso comprarte el certificado de que las subiste, y bajaste, lo que las hace el doble.
Como dije antes, las vistas eran impresionantes, pero como buen escocés que es el tiempo, al llegar arriba del todo ya estaba nublándose, y antes de que bajáramos ya empezaba a llover. Bajar por el bosque con tierra resbaladiza no fue exactamente fácil.
Después de volver de nuevo a la ciudad, con los pies muertos y sin alientos, paramos un rato a comer, y luego seguimos en busca del Castillo de Stirling. Nos adentrábamos a la parte antigua de la ciudad.
Si no contamos el que estaba rodeando a la Catedral de St. Mungo, visitábamos el primer cementerio del viaje, y no sería el último. Es curioso porque en 19 años nunca antes había estado en uno, y en tres semanas visité cuatro de golpe.
En la salida del cementerio hacia el Castillo nos encontramos con escaleras de nuevo, y lluvia para completar la faena.
Desde las afueras del Castillo se podía ver el monumento en la lejanía, y la subida que llegar a él implicaba.
Lo más lejos que llegamos del Castillo fue las defensas exteriores, la muralla vamos, pues la entrada al Castillo costaba 13 libras, y si queríamos entrar al de Edimburgo sería mejor guardar el dinero. Al final del viaje no entramos a ningún castillo ![]()

Bea
27 oct 2011 | 12:10 AM
Me encantan tus entradas al blog, me hacen recordar los buenos momentos que vivimos, yo también quería hacer algo así, pero al final el tiempo y la acumulación de cosas me lo han impedido :S
Espero que vaya todo bien.
Un abrazo!
jarv
27 oct 2011 | 12:47 AM
Hola! La verdad es que lo tengo bastante abandonado, y actualizo cuando puedo, no veas los que me faltan aún, tengo para rato xDD
Todo va genial, espero que por allí también, y nos veremos algún día ;-)
Saludos =D