Bueno, hace una semana y media que llegué de Glasgow, y aún no están todas las fotos preparadas, es más, no lo están ni la cuarta parte, así que esto llevará un tiempo. Tampoco sé en qué orden publicar cada cosa, así que quizás por eso también tarde más.

A diferencia del primer post de Liverpool, de la llegada a la ciudad no tengo absolutamente nada, pues llegamos sobre las doce y pico de la noche, hicimos una cola enorme que fue eterna para pasar la aduana, y encontrar medio para llegar al centro fue toda una hazaña, pues estábamos en Prestwick, a unos 50 minutos de Glasgow.

Tuvimos la suerte de toparnos en el aeropuerto con unos chicos de Tenerife que venían en el vuelo con nosotras, y estaban igual de perdidos. Me olvidaba, fui con dos primas, que eran las que iban a hacer el curso de inglés mientras yo me quedaba vagueando por ahí 

En fin, que al final después de dar vueltas por el aeropuerto todos juntos, una señora se nos acercó amablemente y nos dijo que en una furgoneta-taxi nos llevaban a todos al centro por 12 libras por persona. Excelente idea, ya que un taxi normal sólo nos llevaba a cinco, éramos siete, y salía alrededor de 60 libras, según uno de los conductores.

En cuanto llegamos a Victoria Hall, el segurita le dio a mis primas sus respectivas llaves, nos mostró cómo llegar al ascensor de nuestro edificio, en qué piso estaba cada una, y adiós muy buenas.

Terminamos reportando nuestra llegada a España a las dos de la mañana, y muertas de cansancio nos fuimos a la cama, ya que al día siguiente habría que ir a buscar la escuela de mis primas. Todas las fotos a continuación son del domingo en el que nos volvíamos, aprovechando que estaba todo recogido 

Esta es la recepción, justo a la salida del complejo.


Y esta es la entrada al complejo.

Nuestro edificio, que más tarde descubriríamos que estaba repleto de españoles.

El ascensor llevaba a todas las plantas, y claro que había escaleras, pero casi no las usábamos. Excepto cuando saltaba la alarma de incendios, ya que el ascensor quedaba inmovilizado. Pasó más de una vez, y estábamos en el séptimo piso. Creo que antes de Glasgow no había subido tantas escaleras en mi vida. Tampoco me había saltado tantas veces una alarma de incendios, y eso que ya tuve la experiencia en Liverpool, pero aquí era constante, y resultaba irritante

Esta es la llave. La noche que llegamos el amable segurita olvidó decirnos que la magnética era para acceder a casi todo, y recuerdo cómo estuvimos como tontas un buen rato intentando abrir con la llave plateada la puerta de los pisos. Poco después descubriríamos que esas cerraduras eran mero adorno.

Este es el pasillo del apartamento de mi prima y mío, ya que yo me quedaba con ella. La luz siempre estaba encendida, ya que al no haber ventanas no se veía absolutamente nada. Cada apartamento tiene 5 habitaciones con sus respectivos baños, un salón comedor con cocina, y un cuarto donde había una mesa de planchar, la plancha (obviamente) y una aspiradora, que en el mío no funcionaba. Barrer en moqueta no es nada fácil.

Esta es la habitación...

... Y este el baño. El espejo, tal y como véis, es demasiado alto, yo ahí estaba de pie. Para verme tenía que ponerme de puntillas, y cuando vino mi madre a quedarse con nosotras unos días ni siquiera de puntillas llegaba.

Y eso es el comienzo de un viaje de tres semanas. Caminamos lo que nunca, a pesar de ser una ciudad bastante grande era muy segura, y me gustó mucho. Aún quedan muchas cosas, visitas a sitios, fotos de la ciudad, curiosidades, etc. Ya iréis viendo.