Estuve organizando las fotos y demás cosas de mi viaje, y he decidido hacer trece posts, en cada uno contaré diferentes sitios o cosas, y así no hago uno extremadamente largo, básicamente porque me da pereza preparar todas las fotos en un solo día

Bueno, aquí va el comienzo de mi viaje:

Llegué hacia las 15.30 al aeropuerto John Lennon de Liverpool, y me dirigí a coger un taxi que me llevara al hostal The Nightingale Lodge, en Princess Road. Tardamos alrededor de 15-20 minutos, y luego fui a la recepción para pedir la llave de mi habitación.

Los taxis de allí son bastante diferentes a los de aquí, empezando por el echo de que aquí caben cinco personas incluyendo al conductor, y allí caben cinco sin contar al conductor, que fue bastante práctico para las noches en las que salíamos.

También me llamó la atención que hubiese un pequeño espejo justo a la altura para los últimos retoques, estos ingleses piensan en todo

Aquí van un par de imágenes de mis primeras impresiones de Liverpool de camino al hostal:

Esta es la entrada al hostal.

Y este un cartel en el que mostraban su precio por noche.

Esta es mi habitación; era para cuatro personas, pero solo dormimos allí tres, dos chicas más y yo.

Este lavabo estaba justo detrás de mi litera, que no lo entiendo, porque el baño estaba al final del pasillo, pero bueno...

En fin, que el desayuno estaba incluído en el precio, pero lo que no dijeron es que a las 10 de la mañana ya no se servía, mala suerte para mí, eso me pasa por ser una marmota A esa hora debía abandonar el lugar, así que pedí que me llamaran un taxi y mientras lo esperaba en la entrada saqué una foto a las cabinas telefónicas, que no todas son las típicas rojas que todos nos imaginamos, pero tenían un aire a ellas.

Cuando llegué a Rose Lane, me puse a tocar en todos los porteros, ya que era el número 9, pero estaba el 9A, 9B, 9C, 9D, 9E Al final vino un chico a abrirme, se le notaba que acababa de levantarse y que la noche anterior había salido, y que llegué yo a despertarlo. El caso es que el encargado de allí, Robert, que era el que tenía que darme la llave de mi habitación, no había llegado, así que me quedé como una boba allí de pie sin saber qué hacer; al cabo de un rato salió una chica de una de las casas y me dijo que esperara a Robert en el salón.

Allí me senté, no sé durante cuánto tiempo, hasta que por fin llegó, y me dio la gran noticia de que yo no aparecía en la lista de llegadas, y que no tenía habitación para mí. "¡Genial!" pensé yo. Llamó a alguien y estuvo hablando con esa persona un buen rato, hasta que al final me dijo que me iba a quedar en esa casa, en una habitación que iba a estar libre hasta la semana siguiente, y que ya me avisaría qué hacer.

Me dio una llave y me acompañó a ver mi habitación, me explicó cómo cerrar y abrir la puerta de la entrada, porque no sé si estaba estropeada o qué, pero había que hacerlo de un modo diferente porque si no no ajustaba. Después me dijo que iba a ir a buscar la ropa de cama, y mientras tanto bajé a hablar con la gente que ya estaba despierta. Estaban en el patio de pie, algunos fumando, y otros simplemente charando, y cuál fue mi sorpresa cuando veo que todos, absolutamente todos, eran españoles.

Me sentí bastante aliviada la verdad, porque era la primera vez que viajaba al extranjero sola, pero con el tiempo descubrí que no era precisamente lo ideal para aprender inglés Bueno, no me puedo quejar tampoco, conocí a gente de bastantes partes de la Península, y al rato me enteré que el chico que me había abierto la puerta era canario, de Tenerife, igual que yo

Había gente de Cataluña, Alicante, Jaén, Cádiz, Granada, Murcia, Málaga, Madrid...Creo que no me dejo ningún lugar, pero vamos, que estaba variada la cosa. La mayoría había ido con la beca del MEC, igual que yo, pero otros se habían pagado el curso de su propio bolsillo.

Cuando ya estuve instalada fui al Tesco Express, que quedaba a unos 50 metros de allí, y compré un par de cosas para ir tirando mientras iba al Lidl, que me habían dicho que era más barato. Al rato vino otro chico que también tuvo problemas con la acomodación: él había pagado por residencia, que era más caro, y le habían llevado a una casa de estudiantes; llamó a su agencia y habló con Robert, pero la única solución que le dieron fue esperar al lunes y hablar con la directora de la residencia a ver si su habitación estaba reservada, y si no, que le devolvieran el dinero. Al día siguiente le dijeron que tenía habitación en la residencia, y se mudó. Siempre he pensado que la habitación que había reservada en la casa para él era la mía, pero bueno, ya no tiene importancia.

Después de comer la gente que ya llevaba allí una semana había decidido ir ese domingo a ver alguno de los parques que afortunadamente teníamos cerca, y yo decidí ir con ellos, pues no sabía si los domingos habrían las tiendas, y tampoco tenía mucha idea de cómo se iba al centro, y total visitar un parque no hace daño a nadie, es más, cuando me lo dijeron pensé "Fotos", así que me apunté sin dudarlo.

Fuimos a Sefton Park, y tomé bastantes fotos, pero eso ya es otra historia que contaré en otra ocasión; por ahora voy a poner las fotos de la casa

Estas son de mi habitación.

Este es uno de los baños; había cuatro, otro igual a este, otro un poco más pequeño en el piso de arriba, y otro que no tenía bañera en el piso de abajo.

Toda la casa estaba enmoquetada, excepto los baños y la cocina obviamente, y estas escaleras eran súper enanas; en más de una ocasión estuve a punto de caerme

Esta es la cocina; era estilo americana, pero el frigorífico y los armaios que tenían fotos pegadas eran exclusivos de una inglesa que sólo tuvimos la oportunidad de ver un par de veces, así que a nosotros nos tocaba apañárnoslas con uno solo para cinco personas. Era como volver a los tiempos del tetris...

Teníamos cubos de basura dentro de lo que se podría llamar el conjunto, así que solo teníamos que abrir la puerta para tirar la basura; Robert se encargaba de vaciarlos, aunque hubo unos días que ya no sabíamos dónde tirar la basura, pues no había venido Esos carros, por lo que me dijeron, los habían cogido del Tesco, el que nosotros denominábamos como el grande, porque quedaba muy lejos, al final de la calle, pero una calle muy larga, y eran de los pocos que no tenían una especia de mecanismo que no les permitía salir más allá del supermercado, así que los trajeron y los usaban para cuando había que traer cosas pesadas.

Esa es la puerta de la entrada, a la que para abrir desde fuera había que teclearle un código, y desde dentro bastaba con pulsar un botón.

Y eso es todo; intentaré hacer posts cada dos días, o antes, para que no se acumule todo, pues quiero poner unas fotos de la Punta del Hidalgo, a la que me fui la semana pasada a tomarme unos días de playa y descanso, y aún tengo que poner muchas otras del viaje.

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