Hago un paréntesis de mis vacaciones del blog para exponer una queja:
El viernes, como muchos tinerfeños notamos, el servicio de guaguas se encontraba de huelga, y muchos conductores estaban haciendo el servicio mínimo.
Pues resulta que ese viernes yo necesitaba bajar de La Laguna a La Cuesta, y estaba esperando la 014. Llegué a la estación a las 13 en punto; a las 13:15 llegó una 014 que venía de Santa Cruz, y en cuanto se bajó el chófer le preguntamos cuánto tardaría la siguiente guagua en salir. Éste nos miró e hizo una mueca en señal de burla y nos dijo tan tranquilo: "Hasta las 13:40 no sale la siguiente"; fue una frase asesina, por lo menos para mí, porque íbamos a tener que esperar a la dichosa guagua casi una hora...
Una chica que estaba por allí comenzó a quejarse, y entonces una mujer le contestó que teníamos que entender que ellos estaban de huelga, y que estaban luchando por ellos y por nosotros.
Sinceramente si un chófer tiene que luchar por mí, y eso implica que yo tenga que esperar casi una hora para coger una guagua que normalmente sale cada 10 minutos, o menos, prefiero que se quede en su casa y que no luche. ¿Qué clase de lucha por nosotros es esa, que lo único que hace es perjudicarnos a todos, y que no van a sacar nada con ella? Porque todos sabemos que aunque una muchedumbre haga una huelga, ésta será ignorada. Bendita la lucha de Gandhi.
Además, no tienen en cuenta que mucha gente utiliza sus servicios para llegar a sus trabajos, como mi madre y muchísimas otras personas a las que esta huelga las obligó a coger el tranvía, aunque eso supusiera el tener que quedarse en una parada lejos de su trabajo.
Pero bueno, la cosa no acabó ahí:
Debido a toda la gente que se acumuló en la estación para coger la 014, la guagua terminó saliendo casi a las 14...Una hora esperando la guagua.
Yo no sé si ese viernes todas las personas que nos montamos a esa guagua no estábamos predestinadas a hacerlo o si el destino se estaba riendo de nosotros, el caso es que en cuanto la guagua llegó a la primera parada, la puerta trasera no cerraba. "Bueno, un pequeño contratiempo", pensé yo. Vaya ingenua.
Como la puerta no cerraba de ninguna manera, el chófer apagó la guagua y se bajó para cerrarla manualmente. Lo hizo con una maestría el hombre, que se cargó la puerta, y ya no respondía al mecanismo, sino que rebotaba y se movía para donde le daba la gana.
Para rematar la faena, había una señora dentro de la guagua que nos estaba poniendo a todos nerviosos porque no paraba de quejarse y de decir que ella se bajaba porque no podía estar cogiendo sustos; hubo un momento en el que todos, sin saberlo, nos pusimos de acuerdo y le dijimos a la vez: "¡Pues bájese!".
Creo que la señora se bajó más por la presión que le hicimos todos para que lo hiciera que por voluntad propia...Pero lo mejor que hizo, porque ya era suficiente con todo lo que estaba pasando como para aguantar otro dolor de cabeza.
Estuvimos allí esperando alrededor de 20 minutos a que de alguna manera milagrosa se arreglara la puerta, pero no tuvimos tanta suerte, y la siguiente guagua iba a tardar un buen rato en pasar, así que, como con la señora, todos pensamos lo mismo y empezó a vaciarse la guagua, y a llenarse el tranvía.
Llegué a La Cuesta cerca de las 15, y no hay que ser matemático para ver que en total tardé casi dos horas en llegar a un lugar al que normalmente tardo alrededor de 20 minutos.
Pues esa es mi queja. ¿A que fue un día redondo?
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